Para esta actividad, tuvimos que formar grupos de tres, y, saliendo del salón, vendarle los ojos a dos, mientras que el tercero los guiaba dando vueltas por el corredor. Para guiarlos, el controlador de los "robots" debía de darles indicaciones al tocarlos en los hombros. Tocar el hombro derecho o izquierdo significaba girar a la derecha o izquierda, mientras que tocarlos en el centro de la espalda significaba que se detuvieran. Los robots debían de avanzar constantemente a menos de que se les indicara que se detuvieran.
En la actividad, creo que lo primero que notamos fue el hecho de que varios no entendieron las indicaciones, ya que varios tomaban la indicación de alto como la de avanzar, y viceversa. Además, se volvió evidente rápidamente que aunque tocar los hombros funcionaba, era mucho más práctico hablar, aunque estuviera prohibido.
Una vez que me tocó ser robot en lugar de guía, se puede notar muy bien la diferencia entre los roles. Mientras que uno requiere de dar información y tratar de evitar choques, la otra requiere principalmente que quien está cegado confíe en quien lo guía, ya que de otra manera no se puede avanzar. Los primeros segundos fueron bastante tensos, ya que yo realmente no confiaba en quien me guiaba, y cada paso lo daba con miedo a chocar o incluso caerme. Sin embargo, poco a poco vas agarrando confianza tanto en el guía, y comienzas a avanzar más rápido. Para cuando hicimos el tercer cambio, yo ya no tenía problema al dar un paso sintiéndome inseguro de lo que estaba en frente.
En general creo que la actividad nos muestra la importancia tanto de que en una actividad exista un nivel de confianza, así como la necesidad de que todos sigamos y funcionemos bajo las mismas reglas sin queremos obtener buenos resultados. En este caso, el hecho de no entender las reglas desde el principio y el tener miedo a no poder ver hacia donde los lleva el guía, nos perjudican y no permiten que se pueda trabajar correctamente.
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